jueves, 17 de mayo de 2012

Empujón final

Mucho ánimo en estos días de exámenes finales. Ya va quedando menos, que nadie se rinda. Os dejo estos versos de Mario Benedetti, en el día del aniversario de su fallecimiento (17/05/09):


No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

(Mario Benedetti: "No te rindas")

domingo, 13 de mayo de 2012

La integración social

Los cachorros, obra de Mario Vargas Llosa que hemos comentado en clase, puede interpretarse como una crítica a la presión que la sociedad ejerce sobre el individuo diferente.
Los cachorros es una parábola de la integración social.  El protagonista fracasa en el proceso de "integración" porque es diferente a los demás. Una sociedad machista, como lo era la sociedad limeña de los años 50, rechaza a este muchacho castrado y lo califica de homosexual.
La sociedad, de alguna manera, moldea al individuo, le impone sus normas. Desde pequeños interiorizamos los modelos dominantes y advertimos los peligros que amenazan (en forma de rechazo y exclusión) al que no encaje en ellos u ose transgredir las "normas".

En el debate que surgió en clase a partir de la lectura, pensabais de forma bastante generalizada que en nuestra sociedad no se hubiera producido esta limitación tan desgarradora. Cuéllar tendría hoy en día a vuestro parecer una mayor amplitud de miras, no se hubiera condicionado tanto por su entorno.



Justamente, el viernes pasé un corto en 2º ESO, "Vestido nuevo", que me consta que ha dado juego para reflexionar en clase.  En él un niño aprovecha la fiesta de Carnaval para hacer lo que más le gusta, disfrazarse. Aunque la actividad está programada para la tarde, él aparece en clase con un vestido de su hermana. El revuelo que se arma resulta a todas luces desproporcionado y pone de manifesto la violencia con la que cualquier grupo humano impone las reglas del juego. Todo niño ha interiorizado lo peligroso que es saltárselas: la diferencia  aboca al rechazo más absoluto y a la incomprensión.
Tengo que decir que mis alumnos de Taller de lengua no pudieron empatizar con la actitud del niño y lo condenaron, al igual que sus propios compañeros de clase. Un motivo más para la reflexión.

Os dejo el vídeo para que juzguéis por vosotros mismos:

sábado, 12 de mayo de 2012

lunes, 7 de mayo de 2012

Utopía

Ingrid Tusell
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

jueves, 3 de mayo de 2012

Salid, hombres

Toni Demuro

Calentando motores para la prueba final de comentario de texto, hemos abordado el análisis de esta columna. En este enlace, para que os sirva de referencia y de modelo, os dejo una propuesta de redacción.


            Ya ha pasado el día internacional de la mujer. Si se escribe con mayúsculas aún se ve más trascendente. Miren si no: Día Internacional de la Mujer. Todos estamos de acuerdo. Todos queremos equipararnos. Nosotras y vosotros. Pero es imposible mientras el sistema de selección laboral siga siendo el mismo. Los puestos de trabajo no discriminan por el sexo, faltaría más, pero las pruebas valoran características masculinas como la agresividad y el análisis en lugar de valorar la intuición, la empatía o una manera de pensar más panorámica y menos obsesiva, propia de las mujeres. Pero yo voy a otra cosa,
                No hace mucho, Eva Hache entrevistó al genial Saramago en La noche Hache. Yo, que soy admiradora de Eva desde sus monólogos en la Paramount Comedy, y ando enamorada de Saramago desde que lo vi en un aeropuerto correr hacia su mujer para besarla con denuedo y ansia, me senté a ver la entrevista. El caso es que, entre risas y chistes de uno y otro, Saramago dijo algo que yo dejé en manos de Eva. Pero el tiempo pasa y no veo que la televisiva Eva haga uso de la idea saramagoniana. Así que una servidora la transcribe en este periódico, que es conocido por el mundo mundial. Dijo Saramago, mi amor, respondiendo a una risita inquietante de la inquieta Eva: “Las mujeres no han de hacer nada contra la violencia sexista. Son los hombres los que han de hacerlo. Ellos han de salir en manifestación, aquí y allá. En Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Lisboa, por todo el mundo. Los hombres han de llenar las calles, diciendo No a la violencia contra la mujer. Han de salir día tras día. Verá que cada vez se van añadiendo más hombres, de todas las cataduras, de todas las clases sociales. De tal manera que quien no salga empezará a sentirse señalado. Las mujeres sólo tenéis que mirar desde los bordillos, desde los balcones y ventanas. Todo lo más, si alguna quiere, será echar flores”.
                Eso dijo Saramago, mi amor, con su acento lisboeta, entre dulzón y picaruelo. Eva Hache abrió más los ojos, si cabe, y la boca, y todos nos reímos. Saramago, mi amor, parecía un hombre, una mujer y un niño. Lo normal en un genio. Como digo arriba, esperé y esperé a que brotara la idea que sembró el genio y como veo que no brota, desde esta columna me hago su vocera: Salid, hombres, a la calle. A media tarde, dejad vuestra ocupación, sea la que fuere, y salid en silencio, con un movimiento denso y callado, como de hormiguero, o de desmoronamiento de arena. Proclamad desde vuestra presencia unánime, basta ya de violencia contra la mujer. Nosotras sabremos mirar calladitas, radiantes y modosas, para que ni curas ni imanes puedan decir ni mu acerca de la lengua femenina. Palabra de mujer.
( Luchy Núñez,  en Metro 23/03/2005)


Toni Demuro