martes, 2 de febrero de 2010

Novela existencialista: Nada

Nada fue la primera novela de su entonces jovencísima autora (22 años), que recibió con ella el premio Nadal. Esta obra obtuvo una gran repercusión en la sociedad literaria española de la posguerra y consiguió gran éxito. Uno de los miembros del jurado que la eligió ganadora afirmaría después: «No solamente era una gran libro, capaz de ser ávidamente devorado por su condición intrínseca de relato apasionante. Era, además, y sobre todo, un libro oportuno, de una oportunidad asombrosa».

Nada es la historia de Andrea, una joven que va a estudiar a Barcelona y se encuentra dentro de la familia que la acoge con todo un mundo sórdido y mezquino. Ella llega cargada de ilusiones, pero poco a poco las va perdiendo. Un tono pesimista y desencantado surca la novela y preside el proceso de maduración de la protagonista.


Te propongo la lectura del siguiente fragmento, que da la clave de interpretación del título de la novela (en negrita):

"No quise pensar más en lo que me rodeaba y me metí en la cama. La carta de Ena me había abierto, y esta vez de una manera real, los horizontes de la salvación.
«... Hay un trabajo para ti en el despacho de mi padre, Andrea. Te permitirá vivir independiente y además asistir a las clases de la Universidad. Por el momento vivirás en casa, pero luego podrás escoger a tu gusto tu domicilio, ya no se trata de secuestrarte. Mamá está muy animada preparando tu habitación. Yo no duermo de alegría.»
Era una carta larguísima en la que me contaba todas sus preocupaciones y esperanzas. Me decía que Jaime también iba a vivir aquel invierno en Madrid. Que había decidido, al fin, terminar la carrera y que luego se casarían.
No me podía dormir. Encontraba idiota sentir otra vez aquella ansiosa expectación que un año antes, en el pueblo, me hacía saltar de la cama cada media hora, temiendo perder el tren de las seis, y no podía evitarla.
No tenía ahora las mismas ilusiones, pero aquella partida me emocionaba como una iberación. El padre de Ena, que había venido a Barcelona por unos días, a la mañana siguiente me vendría a recoger para que le acompañara en su viaje de vuelta a Madrid. Haríamos el viaje en su automóvil.
Estaba ya vestida cuando el chófer llamó discretamente a la puerta. La casa entera parecía silenciosa y dormida bajo la luz grisácea que entraba por los balcones. No me atreví a asomarme al cuarto de la abuela. No quería despertarla.
Bajé las escaleras despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así lo creía yo entonces.De pie, al lado del largo automóvil negro, me esperaba el padre de Ena. Me tendió las manos en una bienvenida cordial. Se volvió al chófer para recomendarle no sé qué encargos. Luego me dijo:
–Comeremos en Zaragoza, pero antes tendremos un buen desayuno –se sonrió ampliamente–; le gustará el viaje, Andrea. Ya verá usted...
El aire de la mañana estimulaba. El suelo aparecía mojado con el rocío de la noche. Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa donde había vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí".



Carmen Laforet, Nada
El blog Materiales de lengua ha realizado un excelente trabajo sobre esta obra. La procedencia de la imagen es de allí.
La lectura de esta obra sigue siendo muy recomendable. ¿Quién se anima?

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