jueves, 1 de octubre de 2009

Sin salir del pasillo de mi casa

Me atrevería a decir que casi todas las palabras que usamos en la actualidad proceden de formas muy diferentes que usaban nuestros antepasados y que, debido a diversos procesos, causas y fenómenos de la época fueron evolucionando y forjándose hacia lo que hoy conocemos como nuestras palabras castellanas.

La cuestión planteada se asemeja a un “meeting” entre progresistas y conservadores, a una lucha entre revolucionarios de la escritura.

Esta colisión entre opiniones nos ofrece ideas como la de mi padre, el cual incide en el progreso y en que “la lengua tiene que estar al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de la lengua”.

Acorde con mi padre, si la historia evoluciona, ¿Por qué no la lengua? Es un devenir, una transformación. Acudiendo a los aforismos de Heráclito: nunca nos expresamos con la misma lengua dos veces. El devenir acecha, la transformación llama a la puerta de una lengua forjada y aparentemente perfecta para muchos, pero quizá deba remodelarse o que se introduzcan nuevos términos.

Un bombardeo lingüístico se avecina, pero muchos quieren amortiguarlo. Quizá quieran mantener el equilibro actual, muy amenazado por el lenguaje de los móviles, las jergas, los argots, los chapurreos electrónicos y los queridos anglicismos.

Shorts, jeans, gloss, lifting, celebrity, mall, thriller, hobby, happy meal, shopping, Bluetooth, ocupan la primera plana de anuncios, carteles y revistas. Son muy empleados por los adolescentes debido a la influencia que los medios de comunicación regionales y foráneos tienen sobre su manera de hablar y expresarse; y en el lenguaje técnico de ciencias e ingeniería, por las grandes aportaciones que los países de habla inglesa hacen a la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Pero por otro lado, sin salir del pasillo de mi casa, puedo encontrarme opiniones como la de mi madre: “Hay que conservar nuestro propio castellano, nuestro código auténtico, sin anglicismos, abreviaciones ni nuevos vocablos que lo deterioren. Poseemos palabras propias para describir cualquier tipo de situación, por lo que hay que utilizarlas.” Mi madre, catastrofista al cien por cien, afirma que “la contaminación lingüística nos acecha”.

Como conclusión, me gustaría citar que la lengua se debe de considerar una “criatura viva”, como afirma Rosa Montero y que está todavía en pleno desarrollo. En la actualidad se encuentra en plena adolescencia, por lo que todavía debe de madurar y evolucionar. La sociedad progresa con una cierta velocidad impuesta por nosotros mismos y la renovación y el reciclaje lingüístico son clave para avanzar. Un progreso “sostenible”, en el cual utilicemos nuestro propio vocabulario y en el que introduzcamos neologismos es la solución, pero para ello todos debemos participar.

Tania Villagrasa Villagrasa.- 2º Bachillerato

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